Mensaje de Navidad de Monseñor Villalba



Navidad Vale la pena ser niño
"Un niño nos ha nacido"(Is. 9,6)
1. Navidad crea en todas partes un "clima especial" de alegría, de apertura al hermano. En Navidad tenemos necesidad de felicitarnos, de dar un tono de cordialidad a nuestra vida, de acercarnos con rostro sonriente aún a aquellos de los que vivimos un poco distanciados.
Este paréntesis navideño puede hacernos a todos mucho bien, si caemos en cuenta de lo que significa.
La vida, por diversas razones, se ha hecho agresiva, tensa. Las tensiones se convierten fácilmente en conflictos y los conflictos en tragedias, porque nos falta durante todo el año esa alegría, esa serenidad, esa paz, esa ingenuidad infantil que caracteriza estos días.
Si fuésemos capaces de convencernos de que vale la pena hacernos un poco niños - sencillos, alegres y, sobre todo, puros y limpios de corazón - desaparecerían o amenguarían en gran parte los enfrentamientos, las tensiones, las posturas cerradas y las agresiones.

2. El Hijo de Dios quiso hacerse niño para decirnos, con su ejemplo, la importancia que tienen esas virtudes infantiles - que nos parecen incompatibles con nuestra seriedad de hombres- y que podrían dar paz a esta vida, que ya es bastante complicada por sí misma para que nosotros nos empeñemos en hacerla más difícil y hasta trágica.
Por eso Jesucristo nos dijo que debemos hacernos como niños si queremos entrar en el Reino de los Cielos: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos" (Mt. 18,3).
Durante las fiestas de Navidad debemos acercarnos a este Niño recién nacido que nos ofrece la serenidad y la paz; que siendo el Hijo de Dios quiso parecer débil, pequeño, sin poderse valer por sí mismo, para enseñarnos el camino de la sencillez, de la humildad, de la verdadera fraternidad.
Si acertáramos a ser instrumentos de alegría, de perdón de sencillez, de servicio a los demás, y si supiésemos difundir la cordialidad, daríamos a los hombres angustiados de hoy el testimonio de luz y esperanza que tanto necesitan.
La vida es un don que hemos recibido de Dios y puede ser alegre en medio de las contrariedades y penas, si logramos sustituir el egoísmo por el amor.
"Un Niño nos ha nacido" (Is. 9,6). Y ha convertido la tinieblas en luz; la noche oscura en una "noche de paz, noche de amor", abriendo al hombre horizontes de paz, de alegría, de esperanza, de eternidad.
Este Niño es el enviado del Padre que, en su amor misericordioso, "envió a su Hijo nacido, de mujer" (Gal. 4,4 para salvarnos.)
¡Feliz Navidad a todos!

Arzobispado de TucumánDiciembre de 2009